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En la crisis climático-energética, necesitamos soluciones sabias, formidables y asequibles. Es necesario construir cuanto antes una economía verde y sostenible, una economía a base de recursos energéticos limpios y condicionada para sostener una prosperidad no corrosiva.

La mejor manera de promover la inyección masiva de capital privado en el proceso de re-invención del mercado energético es usar la política nacional para dar una señal de valor al mercado. Y si es posible, hacerlo sin castigar al consumidor ni gastar dinero federal.

Y se puede hacer, con un sistema sencillo de pago y dividendo. El pago es un precio que tiene que pagar el proveedor de cualquier tipo de combustible emisor de dióxido de carbono. Se paga al momento de entrar el carbono en la economía: la mina, el pozo, el puerto de entrada.

Cien por ciento de los ingresos del pago se dedican al dividendo, un cheque que recibe cada hogar cada mes, para cubrir cualquier subida de costo debido a la reacción de los proveedores de combustible emisor de dióxido de carbono.

Cada hogar recibirá un “cheque verde” mensual, devolviendo a los consumidores el poder de decisión sobre la forma y el contenido del mercado energético. El pago y el dividendo, ambos, subirán cada año, para dejar claro a los inversores que el futuro está en la energía limpia.

A los pocos años, la energía limpia—eólica (viento), solar, geotérmica e hidroeléctrica, ya competitivos en muchos sitios—será decisivamente más económica y más rentable. El plan devuelve al consumidor el poder de dar forma al portafolios energético de su mercado y al empresario la libertad de decidir cuál es la mejor manera de competir.

El resultado será una economía verde, limpia y sostenible, en la que el valor de la contribución de uno mismo podrá reestablecerse. La relación entre la economía humana y la ecología de los sistemas naturales podrá volver a un equilibrio próspero y sostenible.

El capital tendrá que dedicarse a la innovación, porque la innovación, la eficacia, la limpieza de los recursos energéticos tendrán prioridad. Así, el mercado capital, el mercado de las ideas, y el mercado energético, pueden seguir abiertos y racionales, proporcionando beneficios no sólo en el momento, sino para el futuro también.

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Originally published August 29, 2011, at Futurismo Verde

Written by Joseph Robertson

Joseph is Global Strategy Director for the non-partisan non-profit Citizens' Climate Lobby. He coordinates the building of CCL's citizen engagement groups on 5 continents, leads the Citizens' Climate Engagement Network and represents CCL in the Carbon Pricing Leadership Coalition, UNFCCC negotiations, and other UN processes. He is a member of the Executive Board of the UN-linked NGO Committee on Sustainable Development-NY and of the Policy and Strategy Group for the World We Want. He is also the founder of Geoversiv.net and the Geoversiv Foundation and the lead strategist supporting the high-level climate dialogue series Accelerating Progress, Advancing Innovation.

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